La Luna ha marcado desde el comienzo de la humanidad, los tiempos de la naturaleza. Sus ciclos enseñaron a nuestros antepasados, cuales eran los momentos de preparación siembra y cosecha de los alimentos; las estaciones del año; y los ciclos femeninos de fertilidad. De la misma forma, las etapas por las que pasa la luna (creciente, llena menguante y nueva) dieron forma a la idea de la continuidad cíclica de la vida (nacimiento, plenitud, vejez y muerte y otra vez nacimiento). Es por eso que cada fase de la luna es la representación de la Diosa Madre cómo Doncella, Madre y Anciana.
Los antiguos pueblos, tanto en América cómo en Europa, reconocieron características particulares en cada lunación. De allí que se celebren desde entonces -y hasta ahora entre los brujos modernos o Wiccas- cada una de ellas en los llamados Esbats o Aquelarres.
Éstas celebraciones realizadas en la oscuridad de la noche, en el medio del bosque (o en contacto directo con la naturaleza) no son de la magnitud de los Sabbats (celebraciones del sol), pero son mucho más solemnes y adquieren un carácter más íntimo entre las personas y la representación la Diosa Madre: la Luna.
Trece plenilunios conforman un año solar; cada lunación tiene un significado y un ritual asociado que iremos detallando con el paso del tiempo.
Ellas son para el hemisferio sur las siguientes:
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sábado, 8 de marzo de 2008
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